jueves, 5 de mayo de 2016

NUEVO CAPÍTULO DE "FIELES ADICCIONES"

¡Hola mis lectores!

¿Cómo habéis comenzado el mes de mayo?

Empezó la primeravera, los pájaros cantan, los corazones revolotean, la sangre la tenemos muy alterada jajajajaja... Espero que os toméis la vida con una sonrisa, y aunque siempre tengamos esos "problemas", seguid luchando por aquello que vosotros creéis.
¿Qué filosófica estoy, no?

Pues aquí estoy de nuevo, trayendo una nueva actualización de "Fieles Adicciones", a ver qué tal os parece el capítulo. Este es el capítulo 20, pero estoy deseando acabar de corregir los próximos porque habrá novedades, que creo que os harán decir ¡Oh my god! jajajajaja... No es un expresión española pero bueno, creo que tenía sentido ponerla ;)
Mientras me emociono yo solita, a leer se ha dicho. 

Nota aclaratoria: Acordaros que es un borrador, que se volverá a revisar cuando se publique la novela completa.

Besos 
EmiRose



ADVERTENCIA: En esta novela aparecen escenas sexuales explícitas H/H. El libro es SOLO para adultos. Puede vulnerar la sensibilidad de algunos lectores. Los que no estén dentro de estas normas, abstenerse de seguir leyendo. Gracias.



Todos los derechos reservados. All rights reserved.


 

Kyle tiene muchas adicciones, y alguna de ellas son los hombres. ¿Conseguirá tenerlas todas o se atragantará por el camino? Su vida y su pasado podrían impedíselo, pero tal vez tener una vida llena de ellas sea posible, sobretodo si son esas fieles adicciones quienes pueden curar su alma.


Si te apetece también lo puedes leer en:

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CAPÍTULO 20. MI DECISIÓN Y RYAN

Han pasado los días y me he estado viendo con Sam y Evan. Desde nuestra cita por separado, no lo hemos hecho más de esa manera. Siempre los tres. Tanto yo como ellos echamos de menos a Nate, y le hemos llamado, pero él ha rehusado a establecer una relación con nosotros. Dice que estaría celoso todo el rato pero creo que es simplemente una excusa. A veces tengo ganas de ir a buscarle pero luego considero su decisión tan firme. Además Sam me ha prohibido ir hasta allí. Soy un testigo y no puedo ponerme en peligro debido a mi situación. Otra cosa que me tiene preocupado. Si ellos han conseguido encontrarme, ¿podrán hacerlo los otros? También me intranquiliza que ellos tengan que cambiar su vida, cosa que no me gusta. Evan ha luchado mucho por conseguir estar donde está. Las circunstancias de Sam son menos complicadas porque su vida de policía la puede hacer en cualquier parte pero no me parece bien que tenga que transformar toda su vida porque la mía está patas arriba. Además está Pat, mi enlace, que a saber qué dice cuando le explique que tengo una relación amorosa con los dos, pero no debería importarle, ¿no?
Y finalmente, me encuentro en una encrucijada con Ryan. Está de un humor de perros desde que le dije que estábamos juntos de nuevo. No le parece bien. Dice que son unos cabrones egoístas. Cuando Sam y Evan vienen a verme, sencillamente él desaparece con un simple adiós. No se ha parado a conocerles y me ha dicho que como pronto van a salir de mi vida, no tiene caso. Cuando me dijo aquello, fue cuando tuvimos la primera discusión importante. Creo que se siente un poco amenazado. Me ha comentado que si habría alguna manera de hacer papeles de adopción pero ya le he dicho que en mi situación es casi imposible. Le he intentado convencer de que le quiero de verdad y que soy su padre, pero no acaba de creerme. Quiero que todos estén en mi vida y que todos seamos felices, aunque en el fondo de mi alma, sé que hasta que no acabe la pesadilla, no podremos serlo.
Estoy sumido en mis pensamientos cuando ellos llegan a mi habitación. Mi cama está llena de documentos del instituto y de los niños que acceden al centro. Estaba clasificando los materiales. Están sonriendo y después de darme un beso, se sientan en un par de sillas que hay allí. Me preguntan si pueden ayudar y estoy entusiasmado porque podrán ver lo que hago. En una pila están los niños que están en proceso de adopción y en la otra pila, están aquellos que tienen padres aunque sería mejor que no los tuvieran.
Evan está mirando con mucha atención las carpetas y su mirada se vuelve a nublar de tristeza. Creo que está en su hijo  y quiero que me lo explique con má detalle. Sam también se ha dado cuenta porque lo mira detenidamente. Creo que como es policía, intenta averiguar lo que le pasa según su instinto. Me acerco a Evan y le pongo una mano en su hombro con mucho tacto.
—  Evan... ¿piensas en tu hijo? — le pregunto con mucho cuidado.
Levanta la vista hacia arriba y veo nublarse los ojos, y luego empieza a colocar carpetas de los niños, una encima de otro de aquellos que han maltratado o que maltratan sus progenitores y que tienen consuelo en el centro.
—  ¿Cómo puede haber personas así? — pregunta en un susurro y en un salto se levanta de la silla y va paseándose de un lado a otro de la habitación.
Sam y yo nos lo quedamos mirando pero sabemos que nos lo contará pero está procesando sus pensamientos.
—  Tuve un hijo — dice mirando a Sam, y me doy cuenta de que lo va a explicar todo.—  Yo todavía era casi un crío y asistía al instituto. Allí conocí a mi primer amor. Se llamaba Marta.
Vacila un poco, mirándonos alternativamente, y luego prosigue con la explicación.
—  Fui un inconsciente pero a la edad de dieciséis, era un engreído, un arrogante, muy popular y eso se me subió a la cabeza. Empecé a salir con ella. Y entonces sucedió. Se quedó embarazada. ¿Un chico y una chica de dieciséis años en un pueblo de lo más conservador teniendo un hijo?
Evan sigue con la historia mientras todavía se pasea, pero en un momento dado se pierde en sus pensamientos, y entonces se gira hacia la ventana y mira hacia lo lejos.
—  Decidimos tenerlo. Nos queríamos. No teníamos ni dinero, ni casa, ni trabajo pero creímos que con la ayuda de nuestras familias seguiríamos adelante. Los padres de ella le apoyaron desde un primer momento, pero los míos... fue una batalla campal. Era menor de edad, por lo tanto, tenían que tomar decisiones por mí... pero no lo consiguieron. Nos fuimos a vivir con sus padres, y empecé a trabajar en la empresa de su padre. Era duro pero estábamos muy ilusionados.
Mientras Evan está hablando, me acerco a él por detrás para apoyarlo. Sam también se acerca y le toca el brazo, acariciándole. Me doy cuenta en ese momento que entre ellos no ha pasado nada, solo se han dado cariño desde la distancia. Quiero seguir por donde van mis pensamientos pero me obligo de nuevo a escuchar a Evan. Luego pensaré en la relación entre ellos dos.
—  Marta tuvo un parto prematuro. A los ocho meses, lo tuvimos. Eran tan pequeñito… ¿cómo se puede amar tanto a una cosita de ese tamaño? —  dió un suspiro alargado y el silencio quebró la habitación, pero continuó para acabar la historia—. A los pocos días, murió de muerte súbita. No supimos nunca cómo sucedió. Los médicos dijeron que eso pasaba a veces sin ninguna explicación.  La pérdida fue devastadora, y aunque nos queríamos, mis padres empezaron a visitarnos y a llenarme la cabeza de pájaros. No tardé mucho en volver a casa de mis padres porque entre Marta y yo se había abierto una brecha que nada ni nadie era capaz de reparar. Creo que sus padres se pusieron bastante felices, la verdad. No sé por qué porque siempre me habían tratado muy bien. Días después, supe que Marta se había ido del país.
—  Eras muy joven y ya no tendrías que estar tan triste por esa pérdida — le digo porque no entiendo muy bien.
—  Marta se suicidó al cabo de poco tiempo. Me dejó una carta culpándome de que su vida fuera un desastre, o al menos eso dijo ella — me dice Evan taladrándome con la mirada.
—  Era una cría, Evan. A veces la gente dice cosas que no siente. Estaba devastada por la pérdida y tal vez su familia no le ayudó tanto como tú crees — le dice Sam en voz muy suave.
—  Pero yo tendría que haberla ayudado. Yo me sentía mal, sí, pero ella era la madre — dice Evan con voz desgarrada.
—  Evan, tú mismo has dicho que eras un crío. Es normal que te sintieras perdido y vulnerable, además de dolido. Cuando se es adolescente, tendemos a agrandarlo todo, incluso los sentimientos. No debes castigarte por eso. Fuiste muy valiente enfrentándote a tu familia y queriendo tener un hijo con esa edad. Piensa que hay gente que los tiene, para luego abandonarlos, o para hacerles barbaridades— le digo queriendo abrazarle.
—  Por eso lo digo. ¡Joder! Mira estos casos... — dice enfadado señalando todas las carpetas que hay encima de la cama.
Le suelto el hombro, y le giro, y entonces le abrazo con fuerza, con mucha fuerza. Quiero que sienta que no está solo, que me tiene a mí para apoyarse.
Entonces siento unos brazos apoyarse en los míos por el otro lado. Sam también le está abrazando. En ese momento, sé que todo va a salir bien.
Levanto los ojos y veo como Sam empieza a besar la nuca de Evan. Siento como se estremece al momento que su boca contacta con su piel. Me envalentono y empiezo a desabrochar la camisa de Evan. Mis dedos pasan por encima de sus pezones mientras la camisa se cae al suelo. Entonces empiezo a pellizcárselos con suavidad mientras veo como esos ojos verdes se envuelven en pasión. Mis dos manos ocupadas con sus sensibles pezones mientras la lengua de Sam va bajando a través de su espalda hasta llegar a la cintura de su pantalón. Mientras clavo mi mirada en la suya, mis manos bajan hasta su cremallera y se la bajo lentamente mientras las manos de Sam van hacia su polla. En un minuto, me he quedado a solas con Evan mientras le quito toda la ropa sin su ayuda porque él está paralizado dentro de sus sensaciones. Me doy cuenta de que Sam ha quitado todas las carpetas de encima de la cama para que nos podamos establecer allí.
—  Quiero que Kyle te chupe la polla — dice Sam con determinación.
Evan solo gira un poco la cabeza, y de pronto se ve envuelto con un beso arrogante y posesivo de Sam. Desde mi posición puedo ver cómo sus lenguas luchan por dominarse, pero es Sam quien lo consigue. Se aparta lo suficiente para hacerme una señal de asentimiento, así que me arrodillo delante de Evan con mis ojos a la altura de su polla tan comestible. Sin pensármelo dos veces, mi lengua empieza a lamer sus huevos. Quiero dejar esa gloriosa longitud para lo último, para cuando Evan me ruegue. No presto atención a lo que está haciendo Sam pero debe ser algo perfecto cuando oigo los pequeños jadeos de Evan. Entonces es cuando yo me esmero en comer esa carne tan deliciosa que se ha hecho para ponerse en mi boca. Su sabor explota en mi lengua de maravilla mientras mi succión va de arriba a abajo y de abajo a arriba. Entonces noto unos golpecitos en mi cabeza que me hacen mirar hacia arriba y veo a Sam mirándome con ojos de quererme comer también. Con una mano me indica que me levante y lleva a Evan hasta la cama. Lo hace poner en el borde de rodillas. Tanto Sam y yo estamos detrás viendo todo su glorioso culo. Es hermoso y precioso, como siempre pienso. Entonces Sam abre las nalgas y presenta ante nosotros su rosado agujero. Mi dedo va hacia allá, pero Sam se adelanta y empieza a lamerlo mientras un sorprendido Evan jadea de placer. Yo no puedo estarme quieto y me agacho hasta poner mi boca de nuevo en su polla. Empiezo a succionarla de nuevo con fervor mientras Sam está succionando su agujero. Los jadeos de Evan empiezan a ser irregulares, muy irregulares. Sin poder evitarlo, Evan se deja llevar y llena mi boca de semen, el cual saboreo y trago con ahínco. Entonces vuelvo a lamer y chupar su polla hasta que queda totalmente limpia. Me levanto y veo que Sam se está quitando la ropa. Mientras Sam se acaba de quitar los pantalones, mi dedo se adentra en el culo de Evan. No puedo evitarlo. Ese culo me llama. Lo he hecho sin lubricante y aunque Sam le había ya preparado con saliva, puedo ver cómo Evan se ha parado un momento por el dolor.
—  ¿Estás bien? — le pregunto en un susurro.
—  Sigue, no pares... — me dice en voz más alta de lo que pretendía.
Sam ya está casi encima de él. Veo que en la mano lleva el lubricante con el que se está untando la polla. Entonces quito el dedo y cojo la polla de Sam y le empiezo a ayudar para que se adentre dentro de las profundidades de Evan. Este suspira largamente mientras Sam se acomoda a su cuerpo. Cuando ya están preparados, Sam empieza a moverse, primero con pasos muy lentos y a medida que pasan los segundos, se mueve más y más deprisa, haciendo que la palabra dura sea una palabra demasiado frágil para describir lo que estaba pasando. No puedo evitar mirarlos y aunque quiera tocarlos, la vista que tengo en estos momentos, va a ser difícil de olvidar. Mis pantalones están que revientan y me doy cuenta que estoy todavía vestido, así que encuentro alivio cuando me los quito para poder acariciarme mientras me deleito con sus movimientos. Sam se apoya más en la espalda de Evan para llegar hasta su polla que aunque no está totalmente en pie de nuevo, poco le falta. Pero Sam sabe lo que está haciendo y se la ha comenzado a mover de manera eficiente y rápida. Con un férreo control. Entonces veo como Sam llega al clímax después de una embestida especialmente dura donde Evan grita y observo como se pierde y no puede aguantarse más debido al cansancio y a la pasión cuando se deja caer encima de la cama todo saciado. Sus respiraciones se vuelven más acompasadas y Sam sale del cuerpo de Evan. Entonces creo que se acuerdan de que estoy allí porque se giran los dos de golpe a mirarme, pero a mí no me importa. Sigo acariciándome y mirándoles de forma que ellos puedan comprobar que les quiero. Ni siquiera se mueven. Solo tienen los ojos encima de mí y me encanta porque en ese momento me siento poderoso. Entonces es cuando el clímax me alcanza, y cuando cierro los ojos para poder recuperarme, noto como cuatro brazos me sostienen. Entonces abro los ojos y ambos están allí, sonriendo. Hemos dado un paso más en nuestra relación.

Después de vestirnos y comer algo fuera del centro, quiero volver a mi habitación ya que tengo trabajo atrasado. Hoy no he visto a Ryan. Lo he llamado al móvil pero ni siquiera contesta mis llamadas. Estoy bastante preocupado porque no quiero herirle y no creo que lo esté consiguiendo. Evan y Sam también están preocupados. No quieren hacerle daño. Quieren que les acepte y hacer una familia y les agradezco con toda mi alma que me estén apoyando con él. Nada más llegar a la habitación está allí delante de la puerta, lo que me invade una sensación de alivio aunque creo que está disgustado por la cara que muestra cuando nos ve llegar.
—  Ya era hora, ¿no? — me dice como si él fuera el que me tuviera que recriminar algo.
—  Ryan, te he estado llamando durante horas, ¿dónde has estado? — le pregunto un poco enfadado.
—  No te importa — me dice desafiándome.
—  ¡Vaya! Bonita respuesta... — le digo en tono sarcástico mientras me acerco a él con una ceja enarcada.
—  ¿Qué? ¿Me vas a pegar? — me vuelve a desafiar.
—  Me voy a dormir. Mañana hablaremos — le digo abriendo la puerta.
Evan y Sam me siguen sin decir nada, aunque por la cara que pone Sam está deseando dar un sermón.
—  ¿Qué? ¿Para follar con ellos sí tienes tiempo? — me grita Ryan viendo que le ignoro.
Entonces Sam se gira y le dice con su voz de policía:
—  Kyle ha estado aquí durante mucho rato, matándose a trabajar. Tiene derecho a tomarse un descanso. Y tiene derecho a su vida privada, y no vuelvas a hablarle así jamás en la vida, ¿me entiendes?
—  ¿Qué? ¿Tú también me vas a pegar, chico duro? — le desafía también pero quedo alucinado cuando acaba diciendo—.  A lo mejor quieres follar conmigo también, ¿no te van los tríos?
—  ¡Ryan! ¡A tu habitación ahora mismo! — le grito y viendo que no se mueve, le vuelvo a repetir—.  ¡Ahora!
Se me queda mirando fijamente con una mirada dura, pero entonces se lo piensa mejor, y baja los ojos, los vuelve a levantar y se da la vuelta dirigiéndose hacia donde está su habitación.
Entro en mi dormitorio y les doy disculpas a los dos. No se merecen que les trate así, pero la verdad es que no sé qué hacer. Evan y Sam dicen que es un niño y quiere desafiarme porque hay alguien más en mi vida. Lo sé, pero duele. De verdad que le quiero como si fuera mi hijo y se me encoge el corazón, porque me doy cuenta de que si las cosas siguen así tendré que escoger y mis dos adicciones se quedarán por el camino. Les digo que no se queden porque voy a hablar con Ryan y no quiero que me esperen porque no sé lo que voy a tardar en hacerle entender las cosas.

Estoy delante de la habitación de Ryan y doy un suspiro antes de llamar y entrar. Ha pasado un rato y me he calmado un poco. No creo que la solución sea gritarle. Es mi hijo y quiero que aprendamos a soportar las decisiones de uno y del otro sin que haya una batalla por medio. Sé que los adolescentes son complicados y más con chicos con el pasado de Ryan, pero creo fervientemente que con amor y devoción todo se puede alcanzar, hasta el alma tan dañada de un chico de quince años. A los pocos segundos de llamar, Ryan abre la puerta mirando hacia el suelo. Pero luego alza de golpe su cabeza y me mira con desafío. Entro dentro de la habitación y voy hasta la silla que tiene delante de su escritorio. Allí me siento y le miro esperando que diga algo.
—  ¿Dónde te has dejado a tus adorados novios? — me pregunta con retintín.
—  Se han ido a su hotel —le digo tranquilamente.
—  ¿Qué? ¿Ya te has hartado de follar con ellos? — me pregunta intentando que me enfade.
—  No, no me he hartado de ellos y te has equivocado de verbo. No es follar, sino hacer el amor — le digo totalmente serio.
Creo que mi aclaración le ha pillado desprevenido porque se ve sorpresa en sus gestos faciales, además que iba a decir algo y se ha quedado mudo. Viendo que va de un lado a otro de la habitación, toqueteando todo, decido que es mejor que aborde el tema.
—  Ryan, ¿por qué? — le pregunto. No creo que haga falta que diga más porque es un chico inteligente.
—  ¿Vas a irte? — me pregunta a cambio.
—  No —le contesto rotundamente.
—  Te irás. Me abandonarás como todos los demás —me dice suspirando y dejándose caer en la cama.
—  Ryan, te prometí que sería tu padre —empiezo a decirle—.  ¿Crees que se puede decir eso a alguien y al día siguiente desdecirse?
—  No, pero ellos son más importantes y son más; viven en un lugar diferente, y les has echado de menos y yo soy solo un crío — me dice Ryan ya desesperado cuando veo que sus lágrimas corren sus mejillas.
—  Ei, oye — le digo mientras me acerco—. Tú eres más importante. Y sí, ellos suman más, pero tú eres único, eres mi hijo.
—  Pero no tenemos papeles que lo digan — me dice suspirando.
—  No, no los tenemos pero son por las circunstancias. Eres mi hijo y punto, haya o no haya documentos —le digo queriendo tranquilizarse.
—  Entonces, si te vas, ¿me llevarás contigo? —me pregunta sin mirarme.
—  No nos vamos a ir, Ryan, al menos no por esto. Ahora este es mi hogar y quiero que siga así por mucho tiempo —le digo sabiendo que tiene que ser así.
—  Pero, ellos viven en otro lugar... —me dice como si no acabara de creer lo que he dicho.
—  Es verdad, pero yo no puedo ni quiero cambiar de lugar, así que ellos tendrán que decidir lo que quieren hacer —le digo.
—  ¿Eso no es un poco egoísta de tu parte? — me pregunta ahora sí mirándome con ilusión en sus ojos.
—  Tal vez pero es lo que yo he decidido. Ya he cambiado muchas veces en mi vida y ahora tengo que pensar en más personas que en mí mismo y tú eres la prioridad número uno —le digo tranquilizándose.
—  Lo siento mucho, papá —me dice avergonzado—. Pero tengo miedo, tengo miedo a que me dejes.
—  Nunca va a pasar —le digo dándole un abrazo que espero que le tranquilice.

Cuando me aparto, me lo quedo mirando. Mi hijo es una persona amable, cariñosa, y defendería a cualquiera delante de cualquier adversidad. A pesar de ser un chico con cuerpo de hombre, es solo un chiquillo que su vida ha sido un desastre y que solo busca estabilidad. Estoy convencido que junto a Evan y a Sam se la podemos dar. Cuando me levanto de su lado y me voy hacia la puerta, me giro y le digo.
—  Por cierto, estás castigado —le suelto, me ha venido esa sensación de que tal vez es hora que empiece a poner normas como todos los padres—. Una semana sin la consola. Y el móvil, solo para llamadas urgentes o a mí o al centro. Nada de diversión.
—  Pero... — empieza a decir pero me mira solemnemente y se le pone una pequeña sonrisa en la cara—. Está bien.
Entonces salgo de la habitación y oigo un pequeño grito que dice “de verdad tengo un padre”.

A pesar de haber pasado unos momentos desagradables con la discusión, al final mi rostro tiene una sonrisa. Me alegro por el chaval y por mí. Ahora solo falta que Ryan acabe por aceptar a mis fieles adicciones como sus dos fieles padres adjuntos. Ojalá pueda lograrlo.
Vuelvo a mi habitación y no me sorprende que Evan y Sam estén allí. Veo su nerviosismo.
—  ¿Por qué no os habéis ido al hotel? —les pregunto con una sonrisa.
—  Queremos quedarnos aquí, contigo —me suelta Sam.
—  No puede ser. Es un centro con chicos influenciables y os digo que me he pasado de la raya habiendo tenido relaciones aquí, así que es mejor evitar esas cosas en esta habitación a partir de ahora —les digo sin mirarles a los ojos.
—  ¿Nos estás diciendo que no quieres hacer el amor aquí o nos estás echando de tu vida? —me pregunta Evan ya que es lo que les estaba carcomiendo por dentro.
—  ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil en mi vida? —pregunto más para mí mismo que para ellos.
—  Kyle, por favor, dinos qué vamos a hacer. No queremos hacerle daño a Ryan y entendemos que es a veces es difícil entenderse con un adolescente un poco problemático, pero solo queremos saber si tenemos cabida en tu vida —me pregunta incierto Sam.
—  Sí, pero vamos a tener que hablar de todo esto —y en este momento veo que es preciso que les deje claro unas cuantas cosas—. No puedo marcharme de aquí, no estaría bien para Ryan. Aquí ha encontrado estabilidad y no quiero quitarle eso, así que si queréis seguir, tendréis que replantearos vuestra vida. Ya sé que tal vez suene egoísta pero solo quiero que penséis en todo esto. Luego, Ryan es lo primero en mi vida, y luego estáis vosotros; si tengo que elegir, le elegiré siempre. Luego, está todo lo que tiene que ver con el tema de que estoy en protección de testigos, ¿cómo lo vais a llevar?
Respiro hondo y me siento en la silla que hay al lado de la ventana esperando la respuesta.
—  Primero voy a hablar por mí. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Voy a pedir el traslado de comisaría, pero creo que lo tenemos que hacer bien para no  llamar la atención, por toda esta situación tan compleja —dice Sam haciendo el gesto de entre comillas—.  Soy policía, a aparte de tu pareja, así que tengo cubierto eso de protección. No puedo ser tu enlace pero puedo tener un trato directo con ese enlace, que supongo que sigue siendo Pat, ¿no?
—  Sí, todavía es Pat, que por cierto, no está nada contenta con que me hayáis encontrado —digo y giro la vista para fijarme en el silencio de Evan.
—  Voy a vender la empresa —me suelta de sopetón.
—  ¿Qué dices? —le digo tembloroso, no quiero que pierda todo aquello que ha logrado con tanto esfuerzo.

—  Cuando desapareciste, lo estuve pensando. Hace tiempo que he estado buscando compradores y creo que pronto podré cerrar la operación. Quiero ayudar aquí, si me lo permites —señalando mi habitación, con lo que creo que se refiere al centro y por si no me quedaba claro, añade —quiero ayudar a chavales, como tú o como Ryan. Puedo ser un buen profesor y un buen tutor si me quieres en tu equipo.

CONTINUARÁ...

¡NOS VEMOS PRONTO, MIS LECTORES!

1 comentario:

  1. Gracias por compartir un capitulo interesante ok kisses

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